Sunday, October 07, 2007

Los perros del amanecer *

Cuando llegamos a las seis menos cinco de la madrugada, ya había unas diez personas adelante, semiacampando. Justo quedamos en la entrada de una óptica que ofrecía un escalón donde sentarse a esperar. Contra el cristal de la puerta dormía, enroscado, un bulto oscuro que era a las claras un perro. Fue el primero de la casi docena que vimos pasar y quedarse con nosotros en la cuadra durante las horas de cola.


La jauría estaba compuesta por: el negro durmiente, una pichicha sarnosa que ocupaba frenética su tiempo en rascarse y morderse el pellejo, el pastor alemán de la otra cuadra (un ovejero extranjero al que los locales sacaban zumbando cada vez que amagaba con acercarse al territorio), el cojo del ojo rojo (especie de líder a lo padrino, con marcas de otras guerras en su cuerpo -un globo ocular sanguinolento- pero rápido para correr como todo un valiente cuando hiciera falta, a pesar de su pata lisiada). Otro que dormía apoyado en las piernas del chico de al lado. Y unos cuantos que hacían de la cuadra su pasarela, desfilando en patota, inspeccionando el aroma de los troncos, descifrando a los compañeros por el viejo método de “retro-olfación” canina.

La caterva humana no era menos pintoresca. Adelante nuestro, unas chicas simpáticas que nos ofrecieron mate y con quienes compartimos inquietudes sobre el anhelado recital y anécdotas de fan [ese lazo mágico y espontáneo que une a quienes esperan, esa comunidad involuntaria y cortazariana, a lo Autopista del sur]. Más atrás, falsos unitarios que pasadas las horas, le hacían espacio federal a toooodos los amigos que no habían querido levantarse temprano. Un chico en silla de ruedas y su hermana. Dos tipos -recitaleros viejos- que desde la mitad de la fila venían cada tanto para adelante mostrando los dientes, a controlar que nadie se colase ni los quisiera pasar por encima. Unas minas (pequinesitas burguesas de la vigésima cuarta tanda de madrugadores) chillando cuando un pibe les pagaba con la misma moneda y gestionaba con algunos conocidos de adelante para que le comprasen la entrada.

Y los trashumantes transeúntes. La señora curiosa que preguntaba ¿Qué pasa? ¿Por qué tanta gente? Quienes creyeron que había una promoción de electrodomésticos. Los que, ante “Es la cola para las entradas...”, te miraban con cara de Ah... y por dentro pensaban Seguro que para buscar laburo no te tomás la molestia.


La mañana se fue desperezando a medida que crecía la ansiedad y pesaba el cansancio. Por fin el local abrió su boca. En su interior brilló el stand que pronto nos tendría apostados con los ojos sonrientes, como niños que piden todo esto en caramelos, pasando unos ahorros estrujados al quiosquero.

Aunque “pronto” implicara esperar que atendieran primero a los cien números del día anterior.

Aunque, entradas en mano, debamos aguantar tres meses para roer el hueso que desde lejos vengan a tirarnos.





*SABINA, Joaquín y VARONA, Pancho. Los perros del amanecer [track 11] en: El hombre del traje gris. Madrid: BMG-ARIOLA, 1988.


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4 Comments:

Anonymous Licenciada Vidriera said...

Primer día. Tarde. Muy. Probar suerte. Gordito imbécil productor de eventos implorando que volvieramos día siguiente. No. Mi entrada está en juego y de aquí no me muevo. 20:30: "no vendemos más". 30 soldados dispuestos a todo. ¿Romper blindex? Era una alternativa. Gritos, amenazas y la frase siempre infaltable: "vamos a hablar a la televisión". Bueno. Está bien. A ustedes solamente.
Ahí está mi entrada. Descansando en mi mesa de luz, lejos de la ansiedad de su dueña.

October 08, 2007 6:42 PM  
Blogger Fragaria Vesca said...

Licenciada: Entiendo lo que cuenta. Qué dennnnnsos eran los de eventos! Bien por uds. que se hicieron respetar, canejo. Cuando abrieron la venta, la que atendía el stand era otro caso serio. El par de pájaros, los rrpp. El tiro, en la frente de la susodicha.
Gracias por visitar el frasco. Nos vemos en el estadio en diciembre!

October 08, 2007 10:07 PM  
Anonymous Amneris said...

Somos perros de amanecer cuando por la música nos comportamos atraídos como abejas por la música...
No sé pero hay mucho de tristeza en este post...no sé pero siento que no van a "roer el hueso que vienen a tirarles": ustedes han inventado una espera y una luz dentro de ella...Aunque muchos no lo entiendan y lo juzguen superficial, ¡hay que aprender a encender luces desde los huesos!

October 11, 2007 12:19 AM  
Blogger Juan said...

Bueno, estemmm... yo soy de los que no hicieron cola pero consiguieron la entrada igual, gracias a alguien que sí hizo cola. Conclusión: para ser feliz, no necesariamente hay que hacer la cola. Conclusión/2: hacer la cola y/o roer el hueso, he ahí otro dilema. Conclusión/3: no hacer la cola y/o roer el hueso, bue, cada uno lo que puede.

October 11, 2007 1:36 PM  

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